Entre pesas y cuadernos incompletos: estudiantes afrontan año escolar en Liceo Luis Navarro de Chacao



Astrid Carolina Rodríguez

Entre entrenamientos deportivos, fallas en servicios básicos y limitaciones operativas, alumnos del Liceo Nacional de Talento Deportivo Luis Navarro, en Chacao, transitan un año escolar marcado por contrastes.




A Samuel Corrales le preocupa que cada vez puede levantar más peso en entrenamientos que escribir un texto completo en Castellano.

La inquietud no es menor dentro de su rutina como estudiante de cuarto año del Liceo Nacional de Talento Deportivo Luis Navarro, ubicado en el municipio Chacao del estado Miranda.

“Creo que no estoy aprendiendo del todo, por ejemplo materias como castellano. Siento que están débiles... que les falta metodología”, expresó el joven.

Su jornada comienza antes de las siete de la mañana. A esa hora, los salones empiezan a llenarse con estudiantes que llegan desde Petare, Baruta o El Hatillo, en trayectos que combinan con el metro, los autobuses y, en algunos casos, caminatas. “Es difícil llegar temprano, sobre todo por el transporte, porque vivimos lejos”, explicó Daivelis Brito, estudiante de cuarto año de bachillerato.

Durante la mañana, el horario académico se mantiene con asignaturas como Castellano, Biología, Matemática, Física, Química, Geografía, Historia y Ciudadanía (GHC). Sin embargo, la continuidad de las clases no siempre está garantizada, por lo que Samuel Corrales aseguró que hay semanas en las que pueden acumular varias horas sin estas, debido a la ausencia de profesores.



Rutina que pesa

Al mediodía, el ritmo cambia. Los estudiantes guardan los cuadernos y se trasladan a los espacios deportivos, donde continúan su formación en disciplinas como judo, voleibol y atletismo, en una jornada que se extiende hasta la tarde.

“Vemos clases en la mañana y en la tarde, entrenamos. Es una jornada larga”, señaló Will Car, alumno de tercer año.

En ese esquema, algunos estudiantes deben permanecer en el liceo durante varias horas sin regresar a sus casas, lo que transforma su rutina diaria y dinámicas personales.

Dabelyn Pinto, estudiante de cuarto año, comentó que en ocasiones debe asistir a sus entrenamientos sin haber almorzado, por las exigencias del horario escolar y deportivo.

Desde la dirección del liceo, la lectura del año escolar es distinta. Xiomara Díaz, directora de la institución, indicó que el proceso educativo se desarrolla bajo parámetros de estabilidad.

“Estamos trabajando con total normalidad. Tenemos todos los docentes académicos y deportivos y damos clases de lunes a viernes”, aseguró Díaz.

El liceo funciona como un plantel técnico hasta sexto año con orientación deportiva. De acuerdo con la directora, cerca de 60% de los atletas que representan al estado Miranda en 15 distintas disciplinas se forman en estas instalaciones, en medio de un aprendizaje académico y físico.

La jornada de clases se extiende hasta las 12:30 del mediodía y prosigue con entrenamientos hasta las cinco de la tarde, lo que implica una dinámica constante en sus espacios con una matrícula de 496 estudiantes.

Sin embargo, la percepción dentro del aula incluye matices. Carla Malavé, docente de Castellano, reconoció que el desarrollo del año escolar presenta dificultades vinculadas tanto a la asistencia como a las condiciones del entorno. “No es eficiente del todo, porque hay docentes que no asisten todos los días por la situación del pasaje. Sin embargo, el proceso sí se da”, indicó Malavé.

El marco legal venezolano establece una responsabilidad distinta. La Ley Orgánica de Educación, en su artículo 6, señala que el Estado debe garantizar una educación de calidad en condiciones adecuadas para el desarrollo del proceso educativo.




Con esfuerzo propio

El funcionamiento del liceo también depende de sus condiciones físicas y humanas. La institución cuenta con 32 docentes activos, 15 trabajadores administrativos y 15 obreros, cifra que, según la dirección, no resulta suficiente para cubrir toda la extensión del plantel.

El liceo ocupa cerca de dos mil metros cuadrados, lo que exige mantenimiento y una organización operativa compleja, especialmente ante la falta de personal para cubrir todas las áreas del conocimiento.

A pesar de las limitaciones, algunas condiciones básicas permiten el desarrollo de las clases.

Malavé señaló que, aunque la infraestructura presenta desgaste, el trabajo en aulas se mantiene. “No tenemos grandes limitaciones. Los salones están deteriorados, pero contamos con pizarras y pupitres”, explicó.

A esta situación, se suma la irregularidad en los servicios básicos. En las últimas semanas, el suministro de agua ha presentado fallas. “Tenemos un problema con el agua desde hace aproximadamente mes y medio. La están regulando y eso afecta porque los baños se colapsan con una población de 400 estudiantes”, agregó Díaz.

Daivelis Brito sostuvo que estas fallas afectan la dinámica escolar e incluso, pueden provocar la suspensión de actividades académicas, lo que incide directamente en el proceso educativo.

En definitiva, el funcionamiento del liceo depende, en gran medida, de la capacidad de adaptación de su personal. Según la directora, la institución no recibe apoyo económico de entes gubernamentales. “No hay apoyo gubernamental. O nos autogestionamos o nos ayudamos entre colegios nacionales”, afirmó Díaz.

Las condiciones laborales reflejan esa realidad. “Ganamos 130 bolívares mensuales y eso no alcanza ni para venir a trabajar”, indicó José Gómez, obrero del plantel, al evidenciar las dificultades económicas de los trabajadores.

En el caso del personal docente y directivo, los ingresos también resultan limitados. La directora señaló que su salario mensual se ubica en 310 bolívares, mientras que los docentes perciben montos similares dentro de las escalas profesionales del sector público.

Así, el personal docente ha tenido que buscar alternativas para sostenerse. La profesora de Castellano expresó que muchos docentes han migrado hacia otras actividades económicas para subsistir.

En el sistema educativo público venezolano, los trabajadores reciben ingresos complementarios a través de bonos y asignaciones especiales, entre ellos el bono de guerra económica (150 dólares, aproximadamente 75 mil bolívares a tasa del Banco Central de Venezuela) que se suman al salario mensual sin constituir una remuneración base estable.

Mientras algunos estudiantes perfeccionan su rendimiento físico, otros intentan sostener su formación académica, en medio de interrupciones, ausencias y limitaciones que ya forman parte de su cotidianidad.

Entre levantamientos de pesas y cuadernos abiertos a medias, así avanza el año escolar en el Liceo Nacional de Talento Deportivo Luis Navarro.






Comentarios

  1. Periodismo narrativo, back to back, sin desapegarse del dato informativo relevante. Es una historia contada con detalle.

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