¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!': Análisis al alma literaria de La Sociedad de los Poetas Muertos

 Dalia García

Personajes de la película Dead Poets Society

Dead Poets Society (1989) era mi película favorita cuando tenía 15 años, una edad en donde uno es insufrible, pero aflora esa sensibilidad nacida de la angustia adolescente y la impotencia ante el mundo que te rodea. Una edad donde cualquier verso malogrado te podía hacer sentir como el Arthur Rimbaud del siglo XXI.

Esta obra es de esas que todo el mundo debería ver al menos una vez en la vida; sin embargo, no creo que sea para todo el mundo. Lo que para algunos es una película sobre un grupo de estudiantes inspirados por su profesor de literatura, para otros es un tesoro, una herida latente del alma, pues solo aquel que ha sido calado por el arte es capaz de entenderla totalmente.

Está hecha para aquellos que se conmueven con la música, para los que se desvelan escribiendo y memorizan versos sin distinguir la realidad de la dramaturgia, para aquellos que viven en el sueño febril de una noche de verano y buscan refugio en la belleza de lo visceral. Básicamente, para los condenados a hacer arte y cuya pluma evoca a aquellos muertos de Welton.

La película merece una lectura mucho más profunda que la que normalmente se le da. Claro está que el mensaje es vivir con intensidad lo que te permita tu libertad de pensamiento, y el conflicto central es la lucha de los estudiantes por definir su propia identidad, pero es increíble la cantidad de simbolismos que se pierden cuando no tienes una base literaria en donde apoyarte.

Aquí salta la ironía de que esta sea la película favorita de muchas personas que nunca han abierto un libro, y que Wattpad, junto a estas etiquetas que intentan reducir tanto la literatura como el cine a tropos como el “dark academia”, sea su único referente, algo que me causa tanto rechazo que llega hasta ser frustrante.

Sin embargo, existe algo peor, aquellas personas que aman la historia, pero que vieron a sus protagonistas pasar por los autores, en vez de observar cómo ellos son los que pasan a través de los protagonistas. ¡Walt Whitman es otro personaje más!

Walt Whitman: Poeta, ensayista y periodista estadounidense

Es bueno empezar nombrando que nuestro queridísimo profesor John Keating ciertamente hace referencia a John Keats, un gran poeta del romanticismo inglés cuyo trabajo baila entre la melancolía y lo imaginativo. Una persona sin duda bastante trágica, pues aunque celebraba la vida, murió apenas a los 25 años.

Él formaba parte de la misma generación en donde estaban otros grandes escritores ingleses que son nombrados varias veces en la película, como Lord Byron y Shelley. Pero más allá de todo esto, la figura del profesor Keating, más que un personaje, se puede ver como un símbolo narrativo, como la disruptividad frente a la tradición, o el romanticismo frente a las luces, siendo representado el pensamiento ilustrado a través de la Academia Welton y el elitismo de las ciencias dentro de la educación.

Más que representar una autoridad, Keating es el canalizador de la rebeldía juvenil ante la disciplina impuesta a la fuerza, y encarna el valor de la expresión personal frente a la opresión social; sin embargo, aunque parece inalcanzable por lo humano que es a pesar de formar parte de un entorno donde lo normal es agachar la cabeza, este no es inmune al sistema:

—Solo en sus sueños los hombres pueden ser verdaderamente libres. Siempre fue así y siempre será así…

Profesor John Keating

Algo que diferencia a Keating de los demás es su genuinidad a la hora de enseñar, pasando por encima de textos académicos, apropiándose del plan de estudio impuesto y dejando que el poder recaiga en los oyentes, dando prioridad a autores como Robert Frost y Walt Whitman que, aunque es verdad que son figuras claves en la literatura estadounidense, ambos utilizan un lenguaje poético profundo en significado pero accesible para el lector común, estando ahí su importancia.

Esto contrasta con la poesía más formal y estructurada de épocas anteriores, además de que ambos exploraron temas como la naturaleza, la identidad y la muerte, pilares fundamentales de la película, Frost desde una visión más pesimista y Whitman a través del verso libre.

Robert Frost dijo: “Dos caminos se abrieron ante mí, pero tomé el menos transitado y eso marcó la diferencia”.

Por otro lado (y viajando un poco más atrás), el Romanticismo le da mucha importancia a la naturaleza, y en este film sirve como un espacio de libertad; la cueva en el bosque es un santuario oculto donde resuenan las voces de los poetas muertos, a diferencia del ambiente opresivo y estructurado de la Academia Welton. Es el único lugar donde se les permite ser ellos mismos, no solo a nivel creativo sino a nivel personal; por eso cuando llegamos a la muerte de Neil, la única forma que encuentra Todd Anderson de poder asimilar la pérdida es huyendo hacia afuera, donde la inmensidad de la naturaleza lo abraza y la nieve le da permiso para derrumbarse.

Academia Welton

Una creencia que tengo es que si se le presenta un vistazo de la fatalidad de los románticos a cualquier adolescente que tenga un mínimo de comprensión lectora, entonces este se volverá un poeta empedernido. Esta película no solo lo confirma, sino que también demuestra por qué es un arma de doble filo.

El artista tiene tendencia a la autodestrucción, y Neil Perry es un ejemplo de cuando la pasión te lleva al colapso al no poder soportar el peso de no haber vivido nunca, encontrando esta como respuesta a no encajar en un mundo dominado por el pragmatismo y muriendo en una muda desesperación.

Debido al fuerte contraste entre profesores, es fácil pasar desapercibido el hecho de que Welton no condena a las artes como tal, pues al inicio, entre diálogos, se habla de que estos alumnos jamás lograrán ser como Rembrandt, Mozart o Shakespeare, pues a los ojos de la institución, el arte valora la técnica por encima del sentimiento.

Este pensamiento que invalida la sensibilidad humana es una de las razones por las cuales se creó en el siglo XVIII el Romanticismo como crítica a la Ilustración, para gritar todo lo que no estaba permitido sentir al ser considerado inútil para la sociedad; no obstante, tal y como nos enseña Keating:

—No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería, son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos.

El carpe diem, que significa “aprovecha el día” en latín, es el concepto central que unifica los temas de la naturaleza, la identidad y la muerte en la película. Esta conciencia de que la vida es finita es lo que les impulsa a con urgencia extraer tuétano de la vida, pero tampoco atragantarse con él por miedo a la muerte. La naturaleza se convierte en el lugar donde el carpe diem es más tangible, reemplazando los cuatro pilares de Welton por uno que hace llamado a la autenticidad, donde la poesía y la vida pueden coexistir sin restricciones.

Aprovechen el día, grita la película, no solo como una lección, sino como un lamento y una esperanza. Es el grito de un actor que busca su escenario, el temblor de un poeta que por fin encuentra su voz. Al final, en cada pupitre de la Academia, no queda la sombra de los que fueron, sino la semilla de los que se atrevieron a ser y el rumor de una promesa hecha en voz baja, en la calidez de un aula, que el viento se encarga de llevar lejos.

No importa cuánto tiempo vivamos siempre y cuando hayamos sido vastos y libres, porque los poetas muertos vuelven a la vida en versos, así como la voz de un capitán, que perdura en el eco de aquellos que se atreven a escuchar.

Personajes de la película Dead Poets Society

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