Paseo por la República Independiente de Ciencias UCV
Inés María Andarcia
—No, vale, eso es un manicomio.
Eso es lo que exclama cualquier persona que haya estudiado en la Universidad Central de Venezuela (UCV) al ver que alguien se dirige a la Facultad de Ciencias. Otros desconocen su paradero o ni siquiera saben que existe.
Desde el Paseo Los Ilustres, en Caracas, se accede a la casa de estudios de aquellos que decidieron estudiar carreras de ciencias o tecnología. Donde se unen la vida escolástica y cotidiana, en la parte oeste del campus, rodeada por un grueso e imponente muro gris, es llamada por algunos estudiantes como la "República Independiente de Ciencias", debido a su ubicación, más distante, del resto de espacios universitarios.
Además, su reputación de ser considerados gente "rara", los hace obtener dicho título. Entre edificios con vigas que sobresalen del concreto, zonas que muestran el paso del tiempo y áreas verdes, conviven estudiantes, locos o no, que como todos los ucevistas, buscan vencer a las sombras.
Mariana Itriago, estudiante del tercer semestre de Química, sale de sus clases matutinas del lunes a la una de la tarde: había asistido a Física III y Matemática III. De cabello corto negro y lentes con forma de octágono, se come una manzana verde para distraer su hambre, ya que va a pasar un rato hasta llegar a su casa.
Junto a su evidente gusto por la química, Mariana también disfruta dibujar. Cuando no resuelve cálculos o mezcla elementos de la tabla periódica en los laboratorios, se entrega a las ilustraciones tradicionales o digitales de forma esporádica. En su tiempo libre, estas las sube a redes sociales.
¿Buena suerte o abstracción?
"El mural del búho" es un símbolo icónico de la Facultad de Ciencias. La leyenda cuenta que, si logras ubicarlo en la pared, tienes buena suerte. Sin embargo, la futura química nunca lo ha visto, y cree que es más una pieza de arte abstracto que el famoso animal.
Al caminar por los pasillos de su escuela, Mariana observa al taller de soplado de vidrio, donde dos semanas atrás asistió, debido a que rompió la boca de un tubo de ensayo durante una clase de laboratorio. Para su fortuna, en el lugar arreglaron el utensilio sin problema, al cortar la parte desigual.
Durante su recorrido, también se aproxima al cafetín de Antonio: un vendedor de ascendencia libanesa, dato del que Itriago se enteró por accidente. Arriba del mostrador del local, en el que abundan chocolates, chupetas y galletas, se proyecta en diferido el juego de fútbol del Paris Saint Germain contra el Inter de Milán, del que están atentos tanto estudiantes como el proveedor. Asegura también la preparadora de Principios de Química II que Antonio "te saca un ojo de la cara", pero eso no le impide ser una clienta de su servicio.
Lenguaje matemático
Al atravesar por un pequeño teatro, subir unas escaleras y pasar al lado de un salón de baile, hay una puerta negra llena de stickers y una hoja pegada con la frase "tocar la puerta". Mariana entra al Centro de Estudiantes de Matemática, en donde tiene algunos amigos.
El aire acondicionado, un pizarrón de tiza, un microondas cuyo precio es de 10 bolívares por uso y dos jóvenes le dan la bienvenida: Owen Youngo, secretario principal del centro, y Mauricio Gómez, ambos alumnos del cuarto semestre de Matemática, cada uno con sus propias aficiones. Mientras Owen disfruta bailar géneros musicales como salsa y bachata, Mauricio prefiere los videojuegos en su computadora. El que más disfruta es The Legend Of Zelda: The Wind Waker. A veces, le encanta dormir o "imaginar que duerme", cuando está ocupado.
Ambos realizan un ejercicio de análisis matemático ilustrado en gran parte del pizarrón verde con tiza amarilla. Un plano cartesiano, números, raíces, signos y divisiones adornan el tablero: un lenguaje que ciertos alumnos de ciencias logran entender.
Una persona normal
Pese a que a Owen no le guste expresarlo, Mariana sabe que es de los mejores estudiantes de su carrera. Se enfoca mucho en sus estudios, incluso admite que eso lo puede llegar a consumir, lo que ha ocasionado que amigos se molesten con él por no compartir con ellos fuera de las clases.
Para aquellos que leen números, pudiera ser complicado hacer otra cosa en temporada de parciales. Por lo tanto, no tienen tanta libertad de hacer lo que quieren. Pocos logran mantener la disciplina para organizar su tiempo, estudiar y emprender otras actividades.
En relación con expresar sus habilidades, el secretario comenta:
—Es como si alguien flexionara sus músculos cuando no se lo pediste ¿Sabes? a mí no me gusta hacer eso.
Los tres están de acuerdo en que, en la Facultad de Ciencias, hay personas arrogantes. Mariana, comprensiva de cómo es el mundo, agrega:
—Hay un punto en el que, incluso si estudias, sales mal. Luego, te das cuenta de que eres una persona normal, haciendo algo normal, y listo. Casi nadie es un genio: si se te hace fácil es porque eres uno, pero para el resto es muy difícil.
Cuando alguien pregunta sobre la aludida facultad, las respuestas se resumen en que es "un lugar de locos". No obstante, entre sus edificios antiguos, laboratorios y zonas verdes, hay universitarios que tomaron la decisión de irse por las ciencias o tecnologías y viven distintas experiencias: estudian, obtienen buenas o malas calificaciones, salen a beber con amigos, disfrutan de sus pasatiempos cuando tienen la oportunidad, ven películas, se sumergen en las redes sociales o buscan arreglar sus horarios de sueño.
Como el resto de los jóvenes del siglo XXI.




El detalle de una historia bien contada. Felicidades
ResponderEliminarMe encantóooooo
ResponderEliminarMe sentí dentro de la historia... Hermoso
ResponderEliminarYo también… y cómo no? Soy ingeniero! 😂😂😂😂😂😂
Eliminarque interesante
ResponderEliminarHaces que uno se enamore de tan espectacular espacio del saber, simplemente espectacular.
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