Graduarse, si el arte lo permite
Mariana Noguera
A las once de la mañana, el sol resbala sobre la curva del Pastor de Nubes, la escultura de Hans Arp que reposa como un enigma en la plaza cubierta del Rectorado de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Es un día cualquiera, pero los alumnos caminan de largo y evitan con disimulo el encuadre de la escultura.
No es el arte lo que temen, sino su leyenda: “si te tomas una foto con ella antes de graduarte, no lo lograrás”. El rumor corre entre los pasillos con la misma velocidad con la que se pierde la conexión en la biblioteca central.
Hace más de medio siglo, Hans Arp moldeaba formas que desafiaban la lógica. Fundador del dadaísmo, movimiento que se burlaba del sentido, que prefería el absurdo antes que la razón, Arp no podría haber imaginado que una de sus obras se convertiría, en Caracas, en una especie de talismán maldito. Y, sin embargo, aquí está: el símbolo de la irracionalidad transformado en el epicentro de un miedo colectivo tan concreto como el hormigón armado de la Ciudad Universitaria.
El profesor Gianni Napolitano, con 23 años entre las aulas de Arquitectura, recuerda su encuentro reciente con Rafael Pereira. Ambos, sorprendidos por la negativa de los estudiantes de primer semestre a fotografiarse cerca del Pastor de Nubes. “Esto no solo es ridículo”, se lamenta Napolitano. “Es un síntoma de ignorancia”. Él, que se graduó en 2002, nunca oyó hablar de semejantes mitos. Pero ahora, casi como un rito de iniciación, los estudiantes los heredan de semestre en semestre.
María Alejandra Melián, estudiante de Medicina, ha escuchado muchas de estas historias. El reloj en tierra de nadie también es tabú: mirarlo antes de tener el título es tentar a la desgracia. Y el túnel que conecta el cafetín con el hospital universitario, una pasarela que se vuelve una condena si se atraviesa sin el aval de la toga. “Yo no me atrevo a pasarlo”, dice la joven, medio en broma, medio en serio.
Daniel Blanco, de Comunicación Social, menciona a “La Llorona”, la estatua del homenaje a los caídos. “Dicen que si le tomas una foto, o si te quedas mirándola mucho, no te gradúas”, cuenta. Aunque se declara escéptico, elude la prueba. “Prefiero no tentar a la suerte”, agrega.
Hay una lógica que no se admite en voz alta: en una universidad donde el camino a la graduación se empantana entre paros, crisis presupuestaria y apagones, cualquier superstición sirve de explicación alternativa al caos.
Napolitano se propone una cruzada personal, para que los alumnos de nuevo ingreso enfrenten ese miedo. “Mi meta es que se tomen la foto con la escultura”, indica. Una forma de exorcizar lo absurdo con una dosis de racionalidad. Pero quizás, sin saberlo, está luchando contra un monstruo que no tiene rostro definido: el de la ansiedad colectiva. Porque en la UCV, donde lo académico se entrelaza con lo mítico, el miedo a no graduarse ha encontrado en el arte su espejo perfecto.
El miedo como herencia estudiantil
El propio Arp, con su espíritu dadaísta, tal vez habría aplaudido la idea de que su escultura diera miedo. Él, que rompió con las formas clásicas, que fundó un movimiento que se reía del sentido. ¿No es acaso esta superstición el homenaje más puro al espíritu dadaísta? Una obra que no se interpreta, sino que se teme. Un miedo sin lógica, como los versos de los años veinte.
En los archivos de la UCV no hay registro oficial de estas leyendas, pero se transmiten como la tradición oral de una tribu urbana. Y como toda buena leyenda, sobreviven no por su veracidad, sino por su capacidad de insertarse en el imaginario colectivo.
Son cuentos que explican lo inexplicable: cómo un semestre se alarga sin motivo o cómo un estudiante pierde la última materia por una décima.Una foto frente al Pastor de Nubes no debería significar nada. Pero para muchos, significa todo. Es la frontera entre lo que se puede controlar y lo que no. En una universidad pública que resiste al colapso, el azar parece tan poderoso como la dedicación académica.
Y si una escultura puede traer mala suerte, entonces tiene tanto poder como el profesor que olvida subir las notas al sistema.
Así, entre concreto, formas abstractas y relatos compartidos, la UCV sigue viva. No solo por sus aulas y sus premios arquitectónicos, sino por la constelación de mitos que la recorren. En ellos, la obra de Arp ha trascendido el arte, ahora es parte de la historia secreta de generaciones enteras. Porque, a fin de cuentas, lo irracional también es parte del alma universitaria.






Recorrido de artes y percepción colectiva de alto relieve
ResponderEliminarQuerida Mariana, acabo de leer tu texto y tengo que felicitarte porque es sencillamente excelente. Tienes un gran futuro en lo que te propongas hacer, pero el de escritora lo tienes asegurado. Pienso en lo orgullosos que están tus abuelos y en lo derretida que estaría tu querida Mamá.
ResponderEliminarImpecable y excelente escrito Mariana , te felicito, tu tía ….
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