Semana Santa 2025: de pasión, resurrección y finalmente muerte
Al atardecer del Domingo de Resurrección, los habitantes del municipio Chacao tenían dos motivos para celebrar o regocijarse: recordar que Jesucristo engañó a la mismísima muerte al tercer día de su crucifixión, y escuchar la buena nueva de la recuperación del Papa Francisco.
Monseñor Alberto Ortega Martín, nuncio apostólico en Venezuela, y encargado de oficiar la misa, aseguró que el Sumo Pontífice otorgó su bendición “a la ciudad y al mundo”, como todos los años, desde la Basílica de San Pedro en Roma. Que insistió en su mensaje de Pascua en un llamado de atención a la violencia y los conflictos bélicos.
Su mejoría, tras una hospitalización a mediados de febrero por complicaciones vinculadas a la neumonía, hizo eco del mensaje de esperanza que ya es habitual por estas fechas. La homilía de Monseñor Ortega Martín, que resonaba en todos los rincones de la iglesia San José de Chacao, iba por ese estilo: la sobreposición del bien, la vida, ante el mal, en un recinto desbordado de fe, a medida que más feligreses se sumaron.
Era algo completamente palpable. Todos los sentidos estaban expuestos: la humedad en el rostro cuando minutos atrás era momento de recibir el agua bendita, el aroma de incienso, que aún impregnaba el templo muy sutilmente; el deleite visual, incluso abrumador, no solo de la ceremonia sino de las obras de arte.
Los cuadros que retrataban cada estación del viacrucis, con el uso de figuras o modelos de cada personaje, daban la ilusión de querer saltar del marco para involucrar a los presentes en la pasión y muerte de Cristo.
Días atrás, el Miércoles Santo, la escena fue aún más crítica, de ensueño: el desplazamiento del Nazareno, lento pero seguro a la cabeza y hombros de los mismos vecinos de la comunidad, era rodeado de un mar violeta, de miles de fieles que atravesaron la avenida Mohedano con fervor, en busca de pagar sus promesas.
En el casco histórico, que destaca por estar casi conformado en su totalidad por edificios residenciales que no exceden los cinco pisos, los demás podían ser testigos del recorrido desde su propio balcón. Los niveles más bajos gozaban del privilegio de estar a pocos metros de tocar la escultura. Ni las mascotas se querían perder semejante espectáculo.
-¡Ringo José, pa’tras! -exclamó una sexagenaria desde su apartamento en la calle José Félix Ribas, más avergonzada que entretenida por el escándalo de su Jack Rusell pegado a la ventana. Quizás quería complementar el acompañamiento musical. Igualmente, las risas no faltaron.
Pero como se puede pasar de la alegría al dolor en cuestión de horas, es un recuerdo de lo efímero de la existencia. Que no todos pueden surfear el inminente desenlace de la vida humana.
Al atardecer del Domingo de Resurrección, los habitantes del municipio Chacao tenían dos motivos para celebrar o regocijarse. Pero, en horas de la madrugada del lunes 21 de abril, tendrían otro motivo histórico para expresar sus condolencias: el Papa Francisco había muerto y una nueva convocatoria del cónclave estaba a nada de ocurrir.


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Bien contada, bien conectada
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